
Foto: Alberto Prieto
Cercanías de Aral
Fecha: 14-12-2007
Nikon D 80
170 mm.
F 8
1/125 s.
ISO 100
Sin flash
Resulta difícil explicar las sensaciones que se desencadenan al contemplar un puerto pesquero al que, como por arte de magia, se le ha marchado el agua.
Situado en Asia Central entre Kazajstán y Uzbekistán, en una región de clima muy seco, se encuentra la que fuera cuarta masa de agua interior del planeta, el mar de Aral, alimentado por los ríos Sir Daria en el norte y Amu Daria en el sur.
Los problemas comenzaron en los años 60 cuando con los métodos agrícolas de tipo soviético, para intensificar la producción de algodón, se construyó una vasta red de canales de riego en las zonas desérticas centroasiáticas que tomaba un tercio del agua del Amu Daria y la distribuía para la irrigación de extensos cultivos del citado producto.
Al pasar los años le fueron robando cada vez más agua a los dos ríos que nutren al Aral hasta reducir a la mínima expresión su aportación al mar. El resultado es que hoy día el mar de Aral ha perdido un 75 % de su tamaño y se ha dividido en dos. Al ritmo actual de descenso el mar Aral podría haber desaparecido por completo para el año 2020.
El clima se ha visto afectado: los veranos son mucho más cálidos y secos y los inviernos más fríos. Y las consecuencias para la salud han sido igualmente negativas. Las poblaciones de Quizilorda (Kazajstán), de Dashhowuz (Turkmenistán) y de la república autónoma de Karakalpakia reciben aguas contaminadas con fertilizantes y químicos, no aptas para el consumo humano. El agua potable de la región contiene una cantidad de sal por litro cuatro veces superior al límite recomendado por la OMS (Organización Mundial de la Salud). La tuberculosis ha alcanzado proporciones epidémicas. Y la tasa de mortalidad infantil ha alcanzado en algunas regiones las 100 muertes por cada 1000 niños nacidos vivos. Cerca del 70% de karakalpakos padecen enfermedades respiratorias crónicas, fiebre tifoidea, hepatitis y cáncer de esófago.
La Unión Soviética no quiso reconocer la existencia de este importantísimo desastre medioambiental hasta mediados de la década de los 80.
El Aral es hoy un mar de lágrimas para los que sobreviven el las zonas próximas a la cuenca. A la mala calidad y escasez del agua potable se suman los diversos problemas sanitarios derivados de la sequía y el uso de pesticidas y químicos de variada índole: la salud de las mujeres en edad fértil se degrada constantemente y ha aumentado el número de abortos y niños nacidos muertos o con malformaciones.
Una nueva generación de personas ha nacido con el desastre del Aral: los pastores del mar. Se les puede ver apenas asoma el sol en el horizonte sacando a sus camellos a pastar en el mismo lugar donde los peces nunca debieron desaparecer, quién sabe si para siempre, mientras recuerdan el rincón donde aún guardan sus cañas en la casa por si algún día...
Situado en Asia Central entre Kazajstán y Uzbekistán, en una región de clima muy seco, se encuentra la que fuera cuarta masa de agua interior del planeta, el mar de Aral, alimentado por los ríos Sir Daria en el norte y Amu Daria en el sur.
Los problemas comenzaron en los años 60 cuando con los métodos agrícolas de tipo soviético, para intensificar la producción de algodón, se construyó una vasta red de canales de riego en las zonas desérticas centroasiáticas que tomaba un tercio del agua del Amu Daria y la distribuía para la irrigación de extensos cultivos del citado producto.
Al pasar los años le fueron robando cada vez más agua a los dos ríos que nutren al Aral hasta reducir a la mínima expresión su aportación al mar. El resultado es que hoy día el mar de Aral ha perdido un 75 % de su tamaño y se ha dividido en dos. Al ritmo actual de descenso el mar Aral podría haber desaparecido por completo para el año 2020.
El clima se ha visto afectado: los veranos son mucho más cálidos y secos y los inviernos más fríos. Y las consecuencias para la salud han sido igualmente negativas. Las poblaciones de Quizilorda (Kazajstán), de Dashhowuz (Turkmenistán) y de la república autónoma de Karakalpakia reciben aguas contaminadas con fertilizantes y químicos, no aptas para el consumo humano. El agua potable de la región contiene una cantidad de sal por litro cuatro veces superior al límite recomendado por la OMS (Organización Mundial de la Salud). La tuberculosis ha alcanzado proporciones epidémicas. Y la tasa de mortalidad infantil ha alcanzado en algunas regiones las 100 muertes por cada 1000 niños nacidos vivos. Cerca del 70% de karakalpakos padecen enfermedades respiratorias crónicas, fiebre tifoidea, hepatitis y cáncer de esófago.
La Unión Soviética no quiso reconocer la existencia de este importantísimo desastre medioambiental hasta mediados de la década de los 80.
El Aral es hoy un mar de lágrimas para los que sobreviven el las zonas próximas a la cuenca. A la mala calidad y escasez del agua potable se suman los diversos problemas sanitarios derivados de la sequía y el uso de pesticidas y químicos de variada índole: la salud de las mujeres en edad fértil se degrada constantemente y ha aumentado el número de abortos y niños nacidos muertos o con malformaciones.
Una nueva generación de personas ha nacido con el desastre del Aral: los pastores del mar. Se les puede ver apenas asoma el sol en el horizonte sacando a sus camellos a pastar en el mismo lugar donde los peces nunca debieron desaparecer, quién sabe si para siempre, mientras recuerdan el rincón donde aún guardan sus cañas en la casa por si algún día...

2 comentarios:
me gusta su foto. no sé porqué me recuerda el comienzo de una d elas primeras guerra de las galaxias.
emma
http://emmab.blogia.com
Gracias por tu comentario. Pero por favor no me trates de usted.
Visitaré tu blog con más calma (pero lo leído ya promete).
Un saludo,
Alberto
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